Cada semana nos llama alguien con la misma historia: compró un bote, lo montó, y a los tres meses ya tenía el labio comido o una soldadura abierta. Casi nunca es mala suerte. En la mayoría de los casos el cucharón simplemente no era el adecuado para ese terreno, o no...
Si tienes una retro trabajando, ya sabes que el bote es lo que más sufre. Le toca pegarle al caliche, a la piedra, a las raíces y, de vez en cuando, a un pedazo de banqueta que nadie vio. Tarde o temprano se gastan los dientes, se abre una soldadura o simplemente...